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¿CuÁndo un pan integral no es saludable?
• Cuando la harina integral empleada no es orgánica. En el salvado del trigo quedan restos de agroquímicos tóxicos, utilizados en el cultivo.

• Cuando se emplean aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados (omega 3 y 6), como el aceite de girasol, soja, lino o maíz. Esto es más allá de que los aceites sean de primera prensada en frío y aún orgánicos; ya que este tipo de aceites, al ser calentados (horneados) sufren modificaciones en su configuración original, formándose las peligrosas grasas trans.

• Cuando se utilizan leudantes químicos para mejorar la textura, y/o conservantes para prolongar el vencimiento del pan. Todas estas sustancias químicas dañan la salud.

• Cuando se emplea sal común o sal refinada, que es muy perjudicial para la salud y más aún, en un alimento que se consume por lo general a diario, como el pan. Quien desee profundizar en este tema puede ver el artículo “Sales que matan, sales que curan”.

El cloruro de sodio (principal ingrediente de la sal blanca común) no existe en la naturaleza como compuesto químicamente puro. El organismo no reconoce esta sustancia refinada y de gran pureza; es más, la considera tóxica por su reactividad. La sal, originalmente es un alimento con más de 80 componentes (todos indispensables), de los cuales la industria sólo deja el cloruro de sodio. A esto le agrega, para lograr una textura determinada y mayor conservación, una enorme cantidad de elementos químicos. Estos aditivos, son elementos químicamente sintetizados o sea una forma antinatural para el cuerpo, que terminan intoxicando el organismo. Algunos de estos compuestos son el yodo, flúor, hidróxido de aluminio, carbonato cálcico, aluminato de silicio sódico, ferrocianuro de sodio, citrato verde de amoníaco férrico, prusiato amarillo sódico y el carbonato de magnesio.

Leer etiquetas, informarnos y averiguar cómo se elaboran los alimentos que elegimos, es el primer paso hacia una alimentación conciente.