ESCRITOS
Ecología de la flora intestinal incurable

Factores que alteran un delicado equilibrio que condiciona nuestra salud

Ya dijo don Miguel de Cervantes que la salud del cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Añadiríamos que se fragua en todas las oficinas del sistema digestivo. Estas «oficinas», sin embargo, están pobladas por billones de individuos que hacen que la función de la digestión sea correcta y que, de esta manera, se mantenga la salud general. El equilibrio ecológico de las diferentes bacterias y levaduras que componen esta flora es tan esencial para nuestra salud como lo es el equilibrio ecológico en la naturaleza que nos rodea.

Se engloba bajo el nombre de flora intestinal al conjunto de microorganismos que pueblan nuestro sistema digestivo. Su cantidad no es nada despreciable, puesto que, en condiciones normales, existen entre la boca y el ano unos cien billones de individuos, pertenecientes a más de 400 especies distintas. Se trata, pues, de un mundo entero metido dentro de nuestro sistema digestivo. Los microorganismos que forman parte de la flora humana están localizados en la zona de la piel y las mucosas. Por su enorme extensión, la mucosa intestinal es la que acapara la mayor parte de estos microorganismos.

Nuestras relaciones con estos huéspedes necesarios son de simbiosis, esto es, de ayuda mutua. El organismo humano hace posible la supervivencia de estos bichitos, mientras que ellos nos proporcionan una serie de funciones, esencialmente enzimáticas, que facilitan y hacen posible la digestión de los alimentos. La degradación inicial de los alimentos (para ser absorbidos posteriormente por el organismo humano) la realizan, en muchas ocasiones, los microorganismos digestivos, y no los jugos intestinales.

Una proporción nada desdeñable de los alimentos que ingerimos, no sirven para nutrirnos a nosotros mismos, sino que sirven para la alimentación de la flora «doméstica» de nuestro sistema digestivo, existiendo una cierta «competición» por los alimentos entre la mucosa intestinal y los microorganismos que habitan en ella.

Es muy importante tener en cuenta la ecología de esta flora intestinal para impedir el desarrollo de enfermedades del intestino y del organismo en general. Si en nuestro sistema digestivo tenemos los microorganismos considerados como normales, impedimos que otros peligrosos puedan afianzarse en él. Esto es el mecanismo que se denomina de «inhibición competitiva» y que viene a significar que los mismos microorganismos normales impiden que otras bacterias o levaduras se implanten en «su casa» y les roben su forma de sustento habitual.

Beneficios de una flora intestinal normal

Los microorganismos intestinales realizan una verdadera digestión dentro de la digestión. Muchas de las fibras vegetales que ingerimos, y que no podemos utilizar, son aprovechadas por estos microorganismos, que las degradan desdoblando sus polisacáridos (entre los que se incluyen la celulosa y la pectina) y haciéndolos más digestivos.

La flora intestinal posee enzimas capaces de desdoblar los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas. Gracias al desdoblamiento de los hidratos de carbono, estas bacterias obtienen la energía necesaria para su sustento.

Una función muy importante de estas bacterias es su efecto sobre el desdoblamiento de las grasas, ya que pueden desdoblar los ácidos biliares (de carácter graso) y el colesterol. Esta utilización, por parte de las bacterias, del colesterol sobrante, puede ser altamente beneficiosa para que los niveles de colesterol en sangre permanezcan en límites aceptables. Este aspecto quizá requiere una explicación algo más detallada. El colesterol que sobra al organismo, se vierte a través de la bilis en el sistema digestivo. En muchas ocasiones, este colesterol es reabsorbido por la mucosa intestinal y vuelve a la sangre. Si conseguimos que este colesterol sobrante sea «digerido» por las bacterias intestinales, ya no se reabsorbe y se evita, en cierto modo, que los niveles de colesterol se eleven por encima de lo normal.

Otro de los grandes beneficios de una flora intestinal normal es la prevención de infecciones por microorganismos patógenos. La flora normal forma una especie de «alfombrillado» del tubo digestivo, «tapando» los poros existentes, en los cuales se podrían adherir microorganismos perniciosos; siendo, de esta manera, un inmejorable mecanismo de defensa corporal.
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